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Abro mi escuela de canto por un motivo especial.
Despues de tantos años de cantar, estudiar, ver gente estudiando, me di cuenta que para mi el CANTO es otra cosa definitivamente.
Quieras o no quieras ser cantante profesional, el canto tiene un poder sanador y terapéutico. Abre canales, fronteras, derriba prejuicios. UNE, te dispara al espacio. Pero por sobre todo te acaricia y a veces... Te salva.
Por eso decidí abrir una escuela donde podamos poner en practica todo esto.
Si bien es necesario aprender a cuidar las cuerdas vocales, también hay que dejar que la vibración te emocione. Me aburrí de ver y oir que la gente canta y aprende a cantar para "el afuera". Quién tira la nota más larga, quién pone más volumen,o quién hace el firulete más complicado. En síntesis, quién impresiona más.

Eso es tan efímero. Son solo recursos. Terminó el aplauso, la gente piensa en otra cosa y uno se queda un ratito mimando al EGO. Y después... Nada.
Por eso es importantísimo trabajar con el canto el mundo interior. Averiguar que sentimos, que buscamos y que podemos ofrecer. Cuando uno se lleva una emoción es más rico, perdura, se extraña, se recuerda.
Y a la gente le pasa igual.
Aquí se enseña a cuidar la voz, con técnica, respiración. Y tenemos profesionales capacitadísimos, que tambien piensan como yo.
Y vas a ver que cada vez que lo necesites, el canto estará allí, cerca tuyo.
San Agustin dijo: "el que canta reza dos veces"
Yo te digo: "CANTA, que toda mi alma se alegra al verte llegar"